En Colabora Birmania, como ONG que trabaja con población refugiada de Myanmar (Birmania) en Tailandia, creemos que las experiencias de nuestros voluntarios ayudan a comprender mejor la realidad que viven los niños y niñas en las escuelas de migrantes. Hoy queremos compartir el testimonio de Félix, voluntario que pasó tres semanas colaborando con nosotros en las escuelas Chicken School y KM42, y que quiso dejarnos por escrito cómo vivió su paso por estos proyectos.
Su relato comienza con una palabra que marcó su día a día
Mingalaba, mingalaba. Llevo días sin parar de oír mingalaba por aquí, mingalaba por allí. El saludo/bendición birmano que suena tan dulce y acogedor de la boca de cientos de niños y niñas de las escuelas de migrantes Chicken School o KM42.
Félix explica que suele aprovechar sus vacaciones para participar en proyectos sociales y que ya conocía la situación de conflicto que vive Myanmar/Birmania, así como la existencia de comunidades refugiadas a lo largo de la frontera con Tailandia.
Experiencia en el Chicken School
Al describir su llegada a la Chicken School, Félix transmite una imagen muy visual del entorno educativo:
Al llegar a la Chicken School me aturde la cacofonía de voces de cientos de chavales estudiando en clases… sin clases. Los estudiantes están repartidos por cursos, pero no hay locales, todos juntos, pero no revueltos.
Con el paso de los días, esa primera impresión cambió:
En lo que para mi concepción de lo que es una escuela me parece caos y ruido, con el tiempo ves que hay un orden y unos profesores enseñando la asignatura que toca.
En su testimonio también pone en valor el compromiso del profesorado, que va mucho más allá de impartir clases:
Ves que los profesores están implicados para entender los problemas de las familias e intentan hacer que sea posible que esos niños y niñas puedan seguir atendiendo a la escuela.
Félix señala además la importancia del apoyo de las organizaciones que sostienen estos proyectos educativos, especialmente en un contexto donde muchas ayudas internacionales han desaparecido. Para él, apoyar iniciativas como las de Colabora Birmania es clave para que los niños refugiados puedan seguir siendo niños y tener acceso a una educación segura.
Experiencia en el KM42
Durante su estancia, Félix colaboró dando clases de informática tanto a alumnos como a los profesores del KM42. Aunque reconoce las limitaciones del tiempo y del idioma, valora los pequeños avances y el trabajo previo de otros voluntarios:
Hemos conseguido que vuelvan a practicar otra vez con los ordenadores, y en algunos casos he visto que la tarea de los que han estado antes que yo han dejado huella.
Me he sentido muy bien acogido, compartiendo las comidas con los profesores y jugando con los niños. Con todo mi corazón, “Thi su ba”, muchas gracias.
